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La industria farmacéutica es, a nivel mundial, una de las más poderosas y una de las que más beneficios genera desde el boom farmacológico de mediados del siglo pasado. Es de unos años para acá cuando numerosos colectivos y ciudadanos de a pie han empezado a poner en duda la legitimidad de las empresas y la utilidad real de los medicamentos. Asistimos a una constante medicalización de la vida de las personas, en las que se toman medicinas en exceso por cualquier pequeña dolencia pasajera, y en la que existe una fe ciega en la industria, cuyos procesos e intenciones están bastante distantes desde un punto de vista ético de los propios de la ciencia farmacéutica.

Entre las prácticas que demuestran que el objetivo principal es la obtención de beneficios económicos, encontramos la creación constante de medicamentos con las mimas propiedades, características y funciones que otros previamente creados. La excusa es que se mejora la fórmula, pero este hecho no está demostrado científicamente.

Este tipo de medicamentos son, además, los que más beneficios aportan a la industria, aunque, de hecho, desde 2000 hasta 2006, sólo un 10% de este tipo de fármacos aprobados significaron una mejora real del tratamiento.

La falta de originalidad y de nuevas creaciones por parte de las farmacéuticas es preocupante: se ha llegado a un punto en el que todo se reduce a redundar y repetir los tratamientos ya existentes.

Otra práctica alarmante y que también genera grandes cantidades económicas es la de persuadir a personas sanas para consumir medicamentos a través de la promoción de enfermedades. Las empresas y la comunidad médica empiezan a difuminar el límite de las enfermedades y el margen de riesgo, incitando a las personas que en realidad no están aquejadas de enfermedad alguna a medicarse, para prevenir o para curar afecciones que no tienen.

Existen también teorías que afirman que muchas enfermedades con alto índice de mortalidad serían evitables y perfectamente curables de no ser por los intereses de las industrias farmacéuticas: las enfermedades generan compra de medicamentos, y si esas enfermedades se curan, dejan de venderse. Además, el dinero que podría destinarse a la investigación de estos males, se utiliza en campañas publicitarias millonarias y en, de nuevo, la fabricación de medicamentos con propiedades ya existentes en otros.

Fuentes:

Periodismo Humano

Periodismo Humano

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